Dicen que hay dos tipos de personas en el mundo: las que aún no han pisado Filipinas y las que están buscando desesperadamente la forma de escaparse para quedarse a vivir allí. Y no, no te lo decimos por las típicas fotos perfectas de postal que ves en redes sociales, sino por la locura de vivencias que se atropellan desde el mismo instante en que pones un pie en sus islas.
En Tropiquea no somos muy de quedarnos al sol en la toalla viendo pasar las horas (bueno, un poco sí para recargar pilas, no te vamos a mentir). Nuestro viaje en grupo a Filipinas está diseñado para exprimir lo mejor del archipiélago combinando tres de sus islas más icónicas: Cebú, Bohol y Palawan (El Nido).
Si quieres saber de qué va de verdad esta aventura antes de hacer la maleta, aquí tienes los 6 momentos icónicos que van a marcar a fuego tu viaje con nosotros:
Moalboal: Flotar en un universo submarino lleno de vida
Prepárate para la primera gran bofetada de naturaleza del viaje. En Moalboal (Cebú) no hace falta que te pongas un equipo de buceo pesado de botella ni que te adentres millas en el océano en una excursión cara. Te pones las gafas de snorkel, las aletas, das cuatro brazadas desde la misma orilla de la playa y, de repente, te ves rodeado por la impresionante vida marina filipina.
Nadar entre bancos gigantescos de peces que se mueven al unísono y cruzarte con tortugas marinas gigantes nadando plácidamente a tu lado es una experiencia hipnótica. Primer día de mar en el itinerario y el grupo entero ya no sabe cómo cerrar la boca de la impresión.

Kawasan Falls: Adrenalina, risas y el mejor «team building» del planeta
Aquí es donde se acaba el postureo de playa y empieza la aventura gamberra en estado puro. Nos ponemos el casco, el chaleco salvavidas y nos adentramos en un cañón rodeado de una selva tan frondosa que parece sacada de una peli de aventuras.
Durante varias horas vamos remontando y bajando el río entre toboganes naturales esculpidos en la piedra, nadando en piscinas de un agua azul tan brillante que parece irreal y, sobre todo, saltando desde las rocas al vacío. Hay saltos desde los 2 metros para calentar hasta auténticos retos de más de 10 metros para los valientes del grupo. No te preocupes si te da un poco de vértigo: entre los ánimos de tus compañeros y los gritos de victoria del Tropicoordi, te aseguramos que vas a saltar. Las risas, los subidones de dopamina y la piña que se hace este día no se olvidan en todo el viaje.

Bohol: Paisajes de película y el primate más pequeño del mundo
Cambiamos de isla para adentrarnos en la magia de Bohol. Aquí nos espera una de las estampas más surrealistas del planeta: las famosas Chocolate Hills, más de 1.000 colinas perfectamente cónicas que parecen un paisaje dibujado por ordenador.
Pero la sorpresa del día llega cuando nos adentramos en su santuario para conocer al Tarsio (Tarsier), el primate más pequeño del mundo. Un animalito nocturno tan diminuto que cabe en la palma de una mano y que te observa con sus ojos gigantescos mientras salta entre las ramas. Ver la cara del grupo al descubrirlo no tiene precio.
El Nido: La sensación real de estar navegando por un paraíso escondido
Olvídate de las excursiones turísticas aburridas. En El Nido (Palawan) nos subimos a nuestra bangka (la mítica barca tradicional filipina de madera con balancines de bambú) y salimos a navegar entre laberintos de paredes de roca caliza gigantescas que emergen del mar como colosos de piedra.
El momento estrella del día llega cuando cogemos los kayaks y nos adentramos por pasadizos estrechos entre los acantilados para descubrir la Big Lagoon o desembarcar en playas completamente escondidas de arena blanca fina como el polvo. Es ese punto exacto del viaje donde te quedas flotando de espaldas en el agua, miras el cielo tropical a tu alrededor y piensas: «Vale, esto es exactamente por lo que necesitaba cogerme vacaciones».

Las tardes de «Island Hopping» sin prisa: Coconuts, atardeceres y desconexión
No todo va a ser correr y saltar. Parte del alma del viaje a Filipinas es aprender a saborear el famoso Island Time. Hay días en los que nuestra única preocupación será desembarcar en una lengua de arena desierta en mitad del océano, abrir un coco fresco con un machete, tumbarnos bajo la sombra de una palmera inclinada y ver cómo el sol se esconde sobre el horizonte tiñendo el mar de tonos naranjas y violetas.
Son esas horas de charla tranquila, de fotos grupales improvisadas y de desconectar por completo del grupo de WhatsApp, del trabajo o del estrés de la rutina.
La cultura del Karaoke y la hospitalidad que te roba el corazón
Puedes ir atraído por las playas y la naturaleza, pero de Filipinas te enamoras perdidamente por su gente. Los filipinos son, sin discusión, las personas más alegres, acogedoras y risueñas de toda Asia. Su amabilidad no es impostada; te reciben siempre con una sonrisa sincera.
¿Y cuál es su gran pasión nacional? El Karaoke. En Filipinas el karaoke no es un pasatiempo de fin de semana, ¡es una religión! Da igual que estemos en una ciudad grande o en un chiringuito de bambú perdido en una playa: al caer la noche, con una cerveza San Miguel helada o un vaso de ron local en la mano, el grupo entero acabará desgañitándose cantando clásicos de los 80 y los 90 codo con codo con los locales del pueblo. Es pura fiesta, integración y buen rollo sin filtros.
Filipinas es ese viaje donde te pasas el 90% del tiempo en bañador, con la sal pegada a la piel, el pelo alborotado y una sonrisa tonta de oreja a oreja. Es volver a casa con la tarjeta de memoria de la cámara echando humo y, lo mejor de todo, con una familia de viajeros con la que has compartido momentos que no se pueden explicar con palabras.
¿Dejas los peros a un lado y te vienes a vivirlo en primera persona? Las plazas para nuestros grupos a Filipinas son limitadas para mantener la esencia mochilera y suelen volarse en cuanto abrimos el calendario.
¡Echa un ojo a nuestras próximas salidas a Filipinas y reserva tu plaza antes de que se agoten!





